A decir verdad, no soy un tipo cartucho. Dentro de mi sexualidad “medianamente ortodoxa” he tenido arrebatos de todo tipo, algunos de los cuales han espantado a mis parejas más recatadas. Sin embargo, aunque no soy un pan de Dios, tampoco me considero un pervertido desquiciado. Digamos que me muevo en el espectro intermedio, que es donde creo que vivimos la mayoría de los seres humanos que disfrutamos lo suficiente del sexo.
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Pero desde que estoy con mi actual pareja he conocido un lado de mí que tenía oculto, y que ahora que ha aflorado, me encanta: me refiero, ni más ni menos, al igualmente amado y temido BDSM.
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Para quienes no lo conocen, les cuento un poco: las siglas provienen de la agrupación de los conceptos de Bondage & Discipline, Dominance & Submission, Sadomasochism y Master & Slave. Traducido al cristiano para los menos globalizados, estos conceptos serían algo así como Amarras & Disciplina, Dominación & Sumisión, Sadomasoquismo y Amo & Esclavo.
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En la práctica esto se aplica mediante la adopción de roles, dominante y sumis@ son los principales, y estos determinan las acciones de cada uno de los involucrados en la relación. El dominante preserva su dominio sobre su esclav@ mediante el maltrato físico y psicológico, mientras que est@ últim@ guarda obediencia dentro de límites previamente establecidos.El BDSM requiere de mutuo acuerdo y claridad en lo que se puede y lo que no se puede hacer.
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Pero hay que ser sinceros: a veces la emoción es demasiada y al dominante se le puede pasar la mano. Para salvar la integridad en esos casos es que existe la útil  .safewordocontraseña, que es una palabra previamente establecida que el/la sumis@ puede usar para avisarle al dominante que está excediéndose, sin salir del personaje. Así se resguarda la integridad de los involucrados, sin cortar la inspiración de la performance.
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Una forma popular de safeword es la del semáforo que, igual que en el tránsito, establece cuándo puedes moverte y cuándo debes detenerte:
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Verde =Sigue así, que todo va bien.
Amarillo =Advertencia, estás a punto de pasar la raya. Ten cuidado.
Rojo= Detente de inmediato.
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Llevo ya casi un año metido en esto del BDSM, y mi pareja y yo estamos fascinados. Y es que lo divertido no es solo el morbo adolescente relacionado con el fetiche pornográfico de las amarras y los látigos, sino toda la teatralidad de fondo: es la adopción de roles, es poder ser y sentirte un tipo muy malo, es atreverte a dejar salir sin culpa ni vergüenza ese lado perverso que vive en todos nosotros. Es una vía de escape a la represión sexual de nuestra cultura, un “minuto feliz” en el que se te permite liberar tus impulsos más torcidos. Es saber que te estás convirtiendo en un monstruo, y disfrutarlo cada segundo.
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Desde el punto de vista físico, en el BDSM uno aprende a conocer su cuerpo mediante el uso recreacional de ciertos niveles de dolor: golpes, jalones de cabello, rasguños en la piel e incluso usos eróticos de castigos con calor o electro pueden ser, dependiendo del umbral de tolerancia de la persona, muy, muy placenteros.
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En lo personal me encanta el uso del fuego. Como dominante me gusta vendarle los ojos a mi pareja y asustarla pasándole un encendedor cerca de su piel desnuda. Puedo sentir cómo el miedo y la sensación de vulnerabilidad la calientan hasta que no se aguanta. Cuando eso ocurre, pasamos al siguiente nivel: cera de velas. Lo suficiente caliente como para causar algún dolor, lo suficientemente tibia como para no hacer daño. El complemento perfecto, al borde de nuestro umbral de tolerancia. Si tampoco somos tan brutales…
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Y aquí va un tip: ten cuidado con lo que usas. Hay productos especiales para BDSM, no escatimes en usarlos. Te asegurarás de divertirte sin hacerte daño ni tú ni tu compañer@. Entre estos productos especializados, uno de mis favoritos son las cuerdas de algodón. Suaves al tacto y benevolentes con la piel, que puedes encontrar en la sección Bondage y restricción, y que garantizan que podrás ponerte rudo sin tener que dar explicaciones por marcas de amarras en muñecas, hombros o tobillos, y especiales si quieres experimentar con nudos elaborados que requieran varios metros de cuerda.
 
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Debo decir, de todos modos, que mi tiempo dentro del BDSM es todavía reducido, y mi nivel de profundización es todavía superficial. Es todo un mundo por descubrir, y todo un universo de prejuicios por superar. Sin embargo, no es que lamente saber que todavía me queda mucho por aprender. El proceso de aprendizaje ha sido y sigue siendo de lo más divertido.
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Espero que mi humilde experiencia sirva para que conozcas un poco más de este mundo y de lo divertido que es. ¿No quieres divertirte tú también?

Diego M.

 

Recuerda siempre que en estas prácticas hay unas reglas obligatorias: Sensatez, Seguridad y Consenso entre quienes participan, sin olvidar disponer de una palabra de seguridad para casos de emergencia. Si vas a experimentar, ir siempre de menos a más cuidando la seguridad de quien te acompaña. 

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