A mi Señor:

Ya no se cómo expresar las ganas que se amontonan en mi garganta. Vienen de un lugar oscuro  y profundo que no tiene nombre y adoptan la forma de sed y hambre.

Como decirte que no encuentro la satisfacción en esta vida porque toda mi vida es un deseo sollozante que no se ve saciado con nada más que con la firmeza de tu mirada.

Me ignoras, eres cruel. Y yo espero y espero por ti, sentada en un banco de la plaza, viendo películas estúpidas de amor vainilla, participando de una vida social aburrida. Esperando a que llegues y me ordenes silencio, a que me lleves a nuestro refugio y me ofrezcas comida y bebida que calme mi espíritu.

Mi cuerpo sufre soledad porque no siente tu presencia, como un perro al que dejaron botado en el patio de atrás y ya no salió más, ni fue nunca más compañero de juego. Sin ti siento que me seco y hago pequeña hasta quebrarme y vuelvo al polvo.

Me dices que mañana tocarás mi puerta y yo arrodillada te recibiré, y besaré tus pies en agradecimiento. Casi puedo sentir como me tomas por la mandíbula y me elevas hasta tu boca. Con un beso consigues que algo en mi vientre se retuerza, como la culebra dentro del canasto que el Faquir invoca con su flauta de bambú. Así de mágico e inexplicable. Espero que me amarres de pies y manos. Cuanto más inmóvil estoy más crezco y más me lleno de amor como un globo de helio, puedo salir volando por la ventana. Cuando entro en esa dimensión la razón se aparta y solo puedo sentir mi cuerpo flotando en el espacio, esperando que de un azote me devuelvas a la tierra. Más fuerte por favor...

Tus manos son tan fuertes y a la vez tan delicadas. Calientes y frías, apasionadas y calculadoras. Recorren mi cuerpo con habilidad. Atan y desatan, tocan, acarician y golpean. Es un placer indescriptible y un privilegio recibir el calor de tus manos que amasan mi cuerpo dándole forma de placer y agonía. Cuando me penetras mi flor se abre de par en par para recibir tu energía y tu potencia. Ese es el momento de plena libertad y pleno poder.

Recíbeme en tu pecho, déjame encontrar la luz en la oscuridad. Solo quiero servirte y amarte. Vámonos, recojamos nuestras cosas y huyamos a otro lugar donde no nos juzguen, donde no tengamos límites.

Pero aun no me pones collar, todavía no te atreves a sellar nuestro pacto. Algo te retiene, no nos encontramos. Yo te llamo y tu no me escuchas aunque se que me buscas, he visto las señales, se que estás ahí en algún lugar dentro de ti. Lo he visto en tus ojos profundos tan antiguos como la tierra.

Se que despertarás, se que encontrarás la manera de llegar y yo estaré aquí ansiosa de cumplir tus deseos y convertir tus órdenes en realidad. Mi Amo, mi amado, mi padre, mi hijo, mi amigo y amante.

Se despide con humildad y suavidad, esperando una respuesta de su dueño.

Tu sierva.

 

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