¿Alguna vez has sufrido un calentón súbito? De esos que te estremecen de arriba a abajo y te hacen mojar el calzón, ¿de los que te nubla la vista y no te deja pensar?

Salimos el jueves por la noche con amigos a una tocata de un grupo cualquiera, no muy conocido pero prendido. Algo así como un rock melancólico rebelde. El grupo son cuatro personas, tres hombres y una mujer. La mina toca batería, guitarra un chico grande con barba, el bajo lo tañe con destreza un rubio flacuchento con una polera de bob esponja y canta el más joven, un chicho alto y delgado ni rubio ni moreno, con cara de niño bueno y jeans ajustados. También toca guitarra.

Ver como le susurra al micrófono me calienta.  ¿De donde vendrá ese imán?

La música suena fuerte, bailo. Todos bailamos. Y yo sigo desnudando en mi mente al cantante misterioso. Observo sus dedos acariciando las cuerdas del instrumento y siento como si fuera mi propio cuerpo.

Se ha terminado la presentación, y yo estoy caliente y sin ganas de conversar. Quiero salir fuera a fumarme un cigarillo, pero llegar a la puerta principal es atravesar un mar de gente ebria. Veo que a un metro mas allá, detrás de un parlante gigante, por detrás del escenario hay una puerta de emergencia. Me dirijo hacia allí. Aire fresco.

 



Prendo el pucho y le pego una calada. Ahí hay alguien más.

-Hola

-Hola

Es el cantante misterioso.

 -Me gustaron mucho los temas que tocaron, lo solté todo.

- Buenísimo. Gracias. Es la idea.

Me lanzo, le besé y no me rechazó. Me devolvió el beso. Le vuelvo a besar con furia y me lo devuelve igual. Meto mis manos frías por debajo de su chaleco, está caliente y suave.

Besarle es como comerse un dulce.

Todo el calor que he acumulado estalla, y no puedo evitar lanzarme a su cuello, morderle los  centímetros de piel que van asomando entre su ropa revuelta. Él me responde agarrándome de las caderas y frotándose conmigo. Hay chispas, electricidad y respiraciones agitadas.

De golpe se abre la puerta. Nos separamos como si no pasara nada, es alguien sacando una enorme bolsa de basura.

-Ven

Le sigo, me lleva de la mano por la discoteca. Nos metemos en un pasillo y de ahi una puerta oscura, detrás están los camerinos. Cierra con pestillo.

Nos desatamos. Hay un silloncito rojo. Le tumbo ahí y me lo como entero. Qué rico saben los cantantes de rock, son una raza especial.

Cuando todo termina, me pregunta si quiero tomar algo.  Solo una cerveza. Conversamos un rato. Llaman a la puerta. Es el resto de la banda, que lleva dos horas buscándole.

Me presenta, me invitan a otra cerveza y seguimos carreteando toda la noche. No se dónde andará la gente con la que venía, me da igual.

No volví a verlo. Pero nunca le olvidaré.

 

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