Historias de sexo
Sin darme cuenta
Relatos

 

Sabía que no tenía que haber subido a la micro aquel día. Lo supe en cuanto le miré a los ojos.

Todo era muy normal, hacía un año y medio que vivía con mi mejor amiga en un departamento en Providencia.  Ámbos trabajamos en rubros creativos, ella diseña muebles y yo soy productor musical.

Me gusta salir a bailar por la noche y hacer una escapada al Sur de vez en cuando.

Aquel día  habíamos almorzado juntos en un pequeño café cerca de su pega. Luego yo tenía que volver a la mía en Bellavista para lo que tenía que hacer un viaje en  metro y otro en micro a las tres de la tarde.

Me despedí de ella tras pagar la cuenta. Dos rolls y una chela de medio a compartir.

Bajé al metro, apurado como siempre, y de un salto mortal conseguí meterme en el vagón en el último momento. Hacía un calor de miedo, hice una inspección panorámica en busca de un asiento libre.

Vi uno un poco más allá y ahí me senté. Como siempre, aproveché de echarle un vistazo al mail desde el teléfono. Estaba metido en mi mundo cuando levanté la mirada y vi que la persona de enfrente me miraba fijamente. Era un hombre alto y moreno, con rostro anguloso y ojos negros. Vestía de negro muy piola pero llamaba la atención por su cuerpo lleno de tatuajes.


Yo me sentí un poco intimidado derrepente. Soy chico y delgado y ya me han sacado la chucha para robarme un par de veces.

Pero el tipo retiró la mirada cortésmente así que las ideas paranoicas se esfumaron.

Volví a mi celular. Al levantar la mirada él hombre de enfrente estaba otra vez mirándome con cara extraña. Me sonrió, yo me dije ¿pero qué le pasa a este weón? frase que debió traslucirse en mi cara, y él se rió afablemente.

Se paró y se acercó a mi.

-Disculpa amigo, te había confundido con otra persona que era absolutamente imposible que estuviera aquí.

- Ah ya... muy bien.

- ¿Te puedo hacer una pregunta?

- Sí obvio.

Se sentó a mi lado.

- ¿Te dedicas a la música?

- Sí ¿como supiste?

- Verás tengo una colección de vinilos que...

Empezó a hablar. No se cómo chucha había sabido que me dedicaba a la música, pero me dió igual. Emanaba un olor dulce y todos sus músculos llevaban escrito la palabra potencia.

- ... así que necesito urgentemente que alguien que cache me diga cuánto cuestan.

- Ya, obvio.

- Sí. ¡Bacán! Si quieres pásame tu ...

Nos bajamos en la misma parada. Fuimos conversando todo el camino hasta el paradero dónde nos despedimos. Tenía un encanto especial, una forma de caminar ligera y varonil que me estaba poniendo enfermo. Llevaba un tiempo sin sexo y mi cuerpo reaccionó al instante frente al olor de su testosterona.

Él tomaba la misma micro pero en dirección contraria. Al otro lado de la calle.

Me despedí de él con un beso que se me escurrió un poco. Lo notó y me miró sorprendido. Pero en lugar de salir huyendo me rozó la mano, me miró intensamente y me dijo:

- Vente a mi departamento. Ahí viene la micro.

Cruzamos la calle corriendo entre los autos y subimos a la micro que estaba llena de gente. Ni siquiera sabía a dónde iba.

Caminamos hasta encontrar un hueco, quedé de espaldas a él. Notaba su cuerpo y su calor. Y un bulto cada vez mas duro que me rozaba. Me pegué un poco más para sentirlo y notar su respiración.

Nos bajamos no sé dónde, caminamos un par de cuadras en silencio y al entrar en el edificio empezamos a besarnos como enfermos.

A mordernos los labios con rabia y agarrar la carne con fuerza. Escuchamos unos pasos y nos separamos rápidamente.

- Buenas tardes.

- Buenas tardes.

Subimos las escaleras. Entramos en el departamento. Fuimos a la pieza. Nos desnudamos, nos besamos.Yo bajé hasta su entrepierna y lamí su miembro con toda la pasión con la que pude, saboreando su piel y entregándome a la excitación.

En un momento dado, él se paró y abrió el closet. De un cajón sacó unas cuerdas.

¡Ah no! no, no, no. Pero si no le conozco... ¿y si es un sádico y después me saca un riñón?

Se acercó a mi y empezó a besarme despacio. Muy dulce hasta que volví a relajarme. Si darme cuenta me tenía amarrado de piés y manos.

Me dio vuelta. Escuché que hacía algo tras de mí pero no veía lo que estaba haciendo. Me preguntaba como podía haber acabado en esa situación. Maniatado en casa de un desconocido que estaba a punto de empalarme con dios sabe qué. Los nudos estaban bien hechos, no había escapatoria.

Sentía una mezcla de pánico y ganas de más que no supe controlar, así que me dejé llevar.

Era fuerte, me colocó en algo parecido a cuatro patas y empezó a masajearme. Estaba usando algún tipo de aceite. Eso me relajó un poco más. Empezó a acariciarme las nalgas. De vez en cuando me soltaba una cachetada de macho dominate, me lo mordía fuerte y me lo lamía. Empezó a jugar con mi pene utilizando el mismo aceite, me masturbaba con suavidad, acariciaba mis tetículos y me lamía el perineo. Empezó a juguetear con mi ano mientras me tocaba. poco a poco fue abriendose camino. Yo ya estaba entregado a sus caricias de experto amante. Sumiso a sus deseos.

Cuando estuve listo me penetró despacio, pero hasta el fondo de una. Me quedé sin aire. ¡Que bestia! Su pene se notaba enorme y caliente. Lo tenía bien lubricado.

Yo atado, solo podía dejarme hacer. Mientras él marcaba el ritmo. Primero despacio, poco a poco más deprisa. Pero siempre hasta el fondo.

No paraba de masturbarme y acariciarme, me mordía la espalda y el cuello, tironeaba de mi. Me acomodaba a su pinta.

Ámbos llegamos al éxtasis. Por un momento estuve flotando en una especie de limbo energético en el que no sabía ni como me llamaba, solo había placer. Creo que fue el orgasmo más intenso de mi vida.

Cuando acabamos me soltó. Yo anduve al baño a asearme y respirar un poco. Cerré la puerta y me miré al espejo. ¿Qué onda?

Cuando salí él estaba echado en la cama enrrolándose un pito.

- ¿Quieres?

- No gracias.

Me vestí con dignidad, me despedí cordialmente y bajé las escaleras pensando el la excusa que iba a poner en la pega por el retraso.

Nunca volvimos a vernos.

 

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